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Como un viaje al campo te hace escribir sin propositos, Segunda intervención.-

21/01/07

00:00 hrs. Unas cuantas horas acá, y ya estoy con secvue4las. Además de la alergia, hay algo más: mirando algo de televisión [un programa de mi pasatiempo favorito, el baile] y de repente, unas ganas de llorar. “El peso del mundo” [Evanescence] suena en el reproductor. Dan ganas de usar los cables del audífono de otra forma, se puede decir que me acomoda sentir esos cables alrededor del cuello. “A falta de...un abrazo” le diría a alguien, alguien a quien veo en estos momentos de la mano de otra niña que, aunque no quiera me sigue, aunque esta huida no fuera a mi voluntad. Si niña, tu apellido me ha seguido todo el día, e incluso al tomar este cuaderno que intenta ser un diario [o algo así... mas bien, algo cercano a un paño de descargos] “A falta de... alguien que escuche”. La foto de un grupo en el que me gustaría ser parte de él, pero la verdad muestra lo contrario. “War-Destruction”, muchas veces en otra canción. Miró unos segundos esa foto y pasan por mi mente dos cosas:
A.- ¿Qué tengo realmente de ese grupo? Y
B.- “¿Sabes lo que es sentirse solo y no creer en algo?”. Mi nick de msn, y parte del coro de un grupo gringo [Creo].
¿Las respuestas?:
A.-Nada, o casi nada.
B.-No sabes, realmente no has estado sola; tienes a tus padres que te aman a pesar de tus tonteras, tienes a esa niña que te salvó la vida, y entre otras cosas, también me tienes a mí, aunque no sea la gran cosa, como lo demuestras al no recurrir a este cuerpo.
Mi hermano menor llorando, y diciendo que se quiere morir solo por5 el aburrimiento y alguno que otro insulto de mi otro hermano; y este diciéndome que cumpla bien con mi rol de hermano mayor ya que según él, el que pida argumentos no es accionar u “obrar bien”. En realidad esos dos se quieren. Ahora llora por mi culpa, el lápiz tenía que volar lento, y de nuevo mi hermano al ataque: “bien, así se hace”, “buen consejero”. Pero si mi hermano no hubiera agregado ese “para siempre” a una frase tan poderosa como “No quiero pensar en algo!”... Seamos realistas, ese rato me mostró demasiados argumentos concretos, y otros tantos de tiempos anteriores me vienen a ala mente: el que esta sobrando, soy yo.-
¿Se lee irónico o concreto? Pedirle algo a la persona que me hizo abrir los ojos, esa abertura al escuchar de sus labios: en realidad eres débil. ¿La petición?, y allí vamos a otra canción, y no puedo dirigírsela a esa persona por que al parecer su vida esta lejos mío. ¿La canción?... Te hice el comentario una vez, callaste, y no se ha hecho referencia al tema hasta el día de hoy: Placebo, Protege Moi.-
Y sin ayuda mía, mis hermanos muestran sonrisas nuevamente. Otro argumento.


Pd: ¿te fijaste quien te abraza en la foto? Si, alguien más que me alejo de su vida...
Y si, me estoy haciendo la victima. Tengo derecho, ¿o tampoco puedo eso?.-

Como un viaje al campo te hace escribir sin propositos, Primera intervención.

20/01/07.-

“Y yo no podría de verdad importar menos”.
Primera frase que sonó claramente en el reproductor al llegar a casa de mi abuelo. Para variar, él no esta.
Primer viaje sin familiares, sin conocidos, sin amigos. Hubiera tomado el dinero del pasaje y cambiar el viaje por algo bueno, pero las consecuencias serían graves. Decidí recorrer a pie desde el terminal de buses hasta la que sería “mi casa” por unos días. Un rato caminando, y unas cuantas miradas sobre mí (no es egocentrismo, pero alguien con cadenas en muchos lugares y estando en el campo es algo que no se ve seguido). Ya comenzaba mi “fuera de lugar”. Caminando, surgió la primera canción que sentí la necesidad de escuchar a maximo volumen: Boulevard of Broken Dreams. Sí, caminaba solo. Unas cuantas canciones más allá, un niño llorando. ¿Motivo?, un perro muerto. No me di el tiempo de ver si fue atropellado, ahogado (u otra opción...), pero me dieron ganas de decirle al niño: “No llores más, es solo una vida más que se va, y eso no afectará al resto”, pero recordé a una tonta que quiero demasiado, y recordé que somos unos seres débiles que aunque no queramos, tenemos sentimientos.
Por un momento dudé si iba por el camino correcto (¿Cuántas veces he tenido esa duda?). No quise hablar para preguntar (lo más que podría preguntar era si sabían donde vive mi abuelo... y considerando que no se de la dirección, y que a pesar de ser campo no todos conocen a mi abuelo...); no quería hacer más vida social que ese “no” que le respondí a un tipo cuando me preguntó por fósforos. ¿Qué hice?, Seguí caminando, tal vez sin rumbo (cosa que no me sorprendía, “otro viaje en esas condiciones” me decía a mi mismo.).
Más miradas, y de regreso a esa sensación. Ahora era por algo más: intenté respirar aire puro del campo, y me hizo sentir pésimo. No sé si en ese momento me atacaba ya la alergia; en esos momentos solo sabía que este no es mi lugar (si es que realmente tengo alguno...).
Ya en casa de mi abuelo, me dijeron que tendré que dormir en el sillón, aunque no me incomoda, solo que es el mismo lugar donde sentía que me moría la vez pasada., y en ese tiempo... joder, llegué a algo que quiero debatir, pero no tengo contraargumentos. La frase decía: “Y en ese tiempo no tenía tanta vida como ahora”. Un argumento a mi favor: “tengo más edad, por ende, más tiempo de vida”, pero no me satisface totalmente.
Mi cuello ya me duele por los bichos, y me incomodan los brazos por la alergia. Sé que soy bueno para quejarme en ocasiones, pero en ocasiones es lo único que me queda. “Bienvenido al campo”.-

El arquero; Eduardo Galeano.-

También lo llaman portero, guardameta, golero, cancerbero o guardavallas, pero bien podría ser llamado mártir, paganini, penitente o payaso de las bofetadas. Dicen que donde él pisa, nunca más crece el césped.
Es un solo. Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Antes vestía de negro, como el árbitro. Ahora el árbitro ya no está disfrazado de cuervo y el arquero consuela su soledad con fantasías de colores.
Él no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace. Lleva a la espalda el número uno. ¿Primero en cobrar? Primero en pagar. El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es él: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo una lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos.
Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición.